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A 30 años de los juveniles de Provincia campeones argentinos

2020-09-19 08:38:00

Buenos Aires, en 1990, venció a Tucumán en la final y se llevó el Argentino de Juveniles disputado en la tierra donde se declaró la independencia nacional. El recuerdo del logro en las palabras del entrenador Guillermo Torre y los jugadores Leandro Ginóbili y Daniel Pontelli.

El torneo tuvo la particularidad de que se jugó en 1990 cuando debía jugarse en 1989 y se armó a último momento, como explicó Guillermo Torre, el entrenador: “El equipo se armó de última, la base era de Bahía (campeones provinciales de juveniles en 1989) y lo armamos en base a Daniel Arenas, Leandro Ginóbili y Federico Susbielles, que eran prácticamente los únicos propios de la categoría, porque los demás eran dos o tres años más chicos.” Leandro Ginóbili explicó cómo llegaban a la competencia: “Fuimos tipo murga, a ver qué onda, un equipo totalmente improvisado, entrenamos poco tiempo.” En el viaje hacia Tucumán, Torre comentó: “Cuando salimos de la terminal de ómnibus de La Plata, Bustamante, que en ese momento era el presidente de la Federación, nos dijo “si clasifican sextos, osea que manteníamos la categoría, están hechos porque sabemos cómo van.”

El equipo finalmente estuvo conformado por Daniel Pontelli, Martín Enrique, Fernando Iorno, Alejandro Fortes, Leonardo Adrián Montivero, José Luis Gil, Daniel Darío Arenas, Marcelo Darío Pratdessus, Cristian Ernesto Mildenberger, Leandro Javier Ginóbili, Federico Esteban Susbielles y Pablo Adrián Hoya, con Guillermo Torre como entrenador y Juan Andrés García como asistente del equipo.

Pontelli, actual coordinador del club Los Indios de Junín, explicó cómo era el juego del equipo: “El equipo se basaba prácticamente en tres jugadores, Darío Arenas en la base, Leandro Ginóbili, que en ese momento era un tirador descomunal, y Federico Susbielles, que debajo del aro era incontenible, mañoso, aguerrido. Después estaba el Josi Gil, que era más chico pero que ya tenía todo lo que conocemos de lo que fue como jugador de básquet, Darío Pradesus abajo del aro también era importante, Alejandro Fortes también tenía muchos minutos. Era un equipo interesante, muy bien en cuanto al eje del equipo y el resto se amoldó muy bien, respetando siempre a esos tres jugadores que tuvieron un gran torneo.”

En la primera fase quedaron segundos por detrás del local, Tucumán. Torre comentó: “Fuimos de punto total, no jugamos bien los primeros dos partidos, sin perder pero sin jugar bien ante equipos más débiles. Clasificamos segundos en el grupo y cambiamos de sede para la semifinal, que nos tocó contra Entre Ríos.” El equipo entrerriano era el candidato máximo, con Michel, Vesco y Solanas, entre otros. Ese juego se disputó en una sede secundaria y sucedió algo especial, tal cual lo contó Ginóbili: “Chocamos en semifinales en una ciudad que se llamaba Aguilares, cerca de San Miguel, donde el paredón llegaba a dos metros y medio y sin pared hasta el techo del gimnasio para que corriera el aire. Estaban haciendo unos choripanes y había caído todo en la cancha, así que te caías al piso y quedabas todo negro, a lo último ni los números se veían.” Sobre el encuentro, Torre lo dividió en dos mitades y explicó cómo fue el trámite: “Lo recuerdo como si fuera hoy, tuvimos un primer tiempo tremendo, de esos que te salen una vez en la vida, y les sacamos 21 puntos. Leandro Ginóbili encendidísimo metió 6 triples seguidos, éramos una maquinita. Pero había que jugar el segundo tiempo, había que remar y que pasaran esos 20 minutos, que fueron eternos. Terminamos ganando por tres puntos, con mucha personalidad y jerarquía. Le sacamos el postre a Entre Ríos y jugamos la final con Tucumán.”

La final ante el local, que contaba con un gran plantel, entre ellos el histórico jugador de la Liga Gabriel Díaz, fue a cancha llena, con 5 o 6 mil personas y situaciones típicas de la época, como expresó el entrenador: “Cancha llena, explotaba, le tiraban huevazos a los jugadores, monedas en la cancha, era tremendo.” Sobre el juego, Torre dijo: “Fue muy parejo, doble a doble, provincia con mucho temperamento, con mucha garra, y logramos ganar en la final. Por ahí era una característica, me acuerdo que Jerez, un entrenador de Chaco en uno de los partidos que nos vio me dijo “a Provincia hay que matarlo hasta que no termine el último segundo no está entregado”. Fue un equipo de muchísima personalidad.” Ginóbili, por su lado, agregó: “Fue tremendo, un partido increíble que ganamos y pudimos festejar sin incidentes, que fue lo más importante de todo.”

Las cábalas y anécdotas no quedaron afuera del recuerdo, como esta que contó Torre: “El jefe de equipo era Diego Dejtiar y estábamos en la misma habitación con Juan Andrés García y él. En el primer partido Juan compró un kilo de masas de confitería antes del partido y nos lo comimos entre los tres, y ganamos ese partido. En el segundo juego, como era cábala, volvió a comprar el kilo. Demás está decir que después del tercer o cuarto partido el único que se comía solo el kilo de masas porque nosotros dos no dábamos más.”

Los tres entrevistados recordaron el título con mucho cariño a 30 años de ese torneo. Pontellí expresó que fue “Una alegría muy linda, a pesar de que por ahí uno no tuvo el desempeño deseado, representar a Provincia y salir campeón de un Argentino para mí fue una alegría muy linda. La recuerdo muy gratamente porque siempre es lindo jugar en esas selecciones.” El mayor de los hermanos Ginóbili, por su lado, dijo: “Fue un torneo épico, realmente tengo muy gratos recuerdos del grupo y lo que se logró, porque si había un equipo que iba de punto era ese equipo de Provincia de Buenos Aires, y terminamos saliendo campeones.” Guillermo Torre cerró: “Te queda en la memoria esos chicos que se brindaron enteros y se convirtieron en hombres, porque el torneo era hasta 19 años y ellos tenían 17 y algunos 16, no eran cadetes todavía. Fue una experiencia muy linda realmente.